RUESTA

 

 

            "Cuando el último árbol haya sido abatido,

cuando el último río haya sido envenenado,

cuando el último pez haya sido pescado,

sólo entonces nos daremos cuenta de que

no se puede comer el dinero"

Jefe Seattle    1856

   

            Con el abandono de los pueblos, el olvido de las tradiciones y la incorporación de nuevas formas de vida se pierde una gran parte de nuestra cultura, la que da cuenta del pasado histórico, la justifica el presente y de la que depende, a veces sin reconocerlo, nuestro futuro.

             ¿Hay algo tan triste como una escuela sin niños, una estación sin viajeros, un pueblo sin vida y sin vecinos?

             El pueblo de Ruesta pasó a depender del ayuntamiento de Urriés en la década de los años 60. Las razones de la incorporación todos las conocemos, la construcción del pantano de Yesa. Ruesta se quedó sin tierra, sin campo, casi sin término municipal, porque las aguas lo anegaron casi todo. Quedaron las piedras, se ahogaron las vidas, sucumbieron las conciencias. Y ello debe servir a todos de permanente recordatorio de lo que nunca debe de suceder a un pueblo. Debemos ser conscientes que su desaparición conlleva la destrucción irreparable de un patrimonio material, cultural y sentimental... y lo que es peor, aniquilar de un plumazo, obligados sus vecinos de encontrar un horizonte mejor, de una forma de vida y el legado histórico que desde los fundadores hasta nuestros días, nos dejaron.

             Cito algunos párrafos  del capítulo que dedica a Ruesta, el prestigioso periodista aragonés Alfonso Zapater en su obra “Aragón, pueblo a pueblo”, de gran interés documental,. Ayer, la sinrazón fue un pantano. Hoy y mañana pudiera ser cualquier otra causa la que hace cerrar la última casa de un pueblo. Sepamos mantener vivos nuestros pueblos y luchemos por ello.

 

 

 

 

 

 

 

 

            " Ruesta, murió en aras de aguas vivificadoras, holocasuto de un pueblo para que otros pueblos pudieran asegurar mejor su futuro. Las aguas redentoras del pantano de Yesa, en la alta Zaragoza, exigieron éste y otros muchos sacrificios. Ahora, a Ruesta no le queda siquiera el consuelo de contemplar el ejemplo de Tiermas, allí enfrente, como emergiendo del embalse coronando el monte, otro pueblo fortaleza sacrificado al beneficio común. Es lo que se dice siempre. 

            ¿Por qué mueren los pueblos? Unas veces por falta de atención, por el atraso al que se ven condenados; otras, a manos del propio desarrollo impulsado por el progreso. Como sucede con los pantanos y las autopistas: Ruesta vive tan solo sus sueños de villa muerta, cuando aún siguen en pié los torreones de su antigua fortaleza,  presidiendo un casco urbano vacío. Las hierbas y los arbustos crecen por las calles y las plazas, lo invaden todo. El viento se cuela por los huecos de las puertas y ventanas arrancadas de cuajo.           

            Dista 165 km. De Zaragoza, por Remolinos y las Cinco Villas, y desvío a continuación de Sos. 

            Fue un enclave importante en la historia navarro-aragonesa. Enclave de Navarra dentro de Aragón –como Petilla-, hasta 1055. Enclave después para rendir cuenta de nuestra mejor historia. Su situación al norte de la provincia es particularmente privilegiada, entre los términos de Escó, Artieda, Pintano, Urriés y Undués de Lerda. Allí, con mas de un centenar de edificios, apiñándose a la sombra del castillo y de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, pero ya no hay voz de campanas convocando al vecindario.                    

            Las casas más antiguas del pueblo se levantan en la misma plaza, frente a la iglesia. Son tres edificios exactamente, que datan del siglo XV, con portalón de arco apuntalado y ventanales góticos en el piso noble. La piedra de sillería ennoblece las esquinas; el resto es de sillarejo, piedra cortada a golpes, caprichosamente. 

            Uno se imagina la vida en el lugar, felices los vecinos contemplando la majestuosidad del paisaje.

             ¿Cuántas lágrimas habrán sido derramadas por los que un día nacieron y crecieron a la sombra del castillo de Ruesta, dueños y señores de un paisaje abierto a todas las ilusiones y esperanzas?  Pero llegó el agua y sembró la muerte, cuando su misión redentora y fundamental es la de sembrar vida."

 

*( En Junio de 1988 la Confederación Hidrográfica del Ebro, cedió el uso de Ruesta a una central sindical, esta cesión se inscribe en la política de la CHE de la recuperación de núcleos abandonados por la construcción de embalses. http://www.ruesta.com)

       ¡YESA NO!         http://www.yesano.com/